HISTORIA GRÁFICA DE LA BASE AÉREA DE ALBACETE (1929 – 2005) (Carlos Gosálbez Payá) Ministerio de Defensa

Una de las propuestas más sugestivas que caben para cualquier aerotranstornado es la
posibilidad de viajar en el tiempo, remontarnos para ver y presenciar cosas y sucesos de
una época ya pasada. Desgraciadamente, la Ciencia no nos ha otorgado (aún) esa
posibilidad, pero este voluminoso tomo llega muy cerca de conseguirlo.

Escarbando en “los ingentes fondos gráficos de la Unidad” (como bien se dice en la
Introducción del libro) se esboza la larga historia de la Base Aérea de Los Llanos, desde
su inauguración el 27 de abril de 1929 (con asistencia del Rey Alfonso XIII) como
aeródromo civil, y sus diversos avatares en los años siguientes, años muchas veces
convulsos y sacudidos por acontecimientos luctuosos.

Vemos como la Guerra Civil sorprendió a la Base en un estado casi letárgico, tras sus
comienzos como aeródromo de instrucción, y como fue inicialmente ocupada por
simpatizantes de los sublevados en África, antes de que la ocupasen las milicias
republicanas. El Aeródromo de Los Llanos se empleó como base de distribución de las
aeronaves soviéticas adquiridas por la Aviación Republicana, sobre todo cazas
Polikarpov I-15 e I-16, y bombarderos Tupolev SB. Pocas imágenes quedan de estos
difíciles años, por desgracia.

Hasta 1940, en que fue reconstruida, la Base no recibiría sus primeras Unidades del
Ejército del Aire, equipadas con los mismos SB que había albergado durante la Guerra.
Estos bombarderos soviéticos darían paso a nuevos tipos llegados de allende el
Atlántico, en el marco de los Acuerdos con EEUU. Albacete acogió así los C-47 del Ala
37 de Transporte, que (a partir de 1967) empiezan a ser reemplazados por los
canadienses DHC-4 Caribou. Ambos tipos tuvieron que lidiar con la adusta climatología
manchega: en febrero de 1967 cinco C-47 resultaron dañados sobre la plataforma,
alcanzados por un huracán. En otras ocasiones fue la nieve quien complicó la vida a
tripulantes y personal de tierra.

Todo cambió en España a partir de 1975, y lo mismo le ocurrió a la Base de Los Llanos:
debió adaptarse a un nuevo cometido (la defensa aérea) con el establecimiento del Ala
14 y sus Mirage F1. Comienza entonces un largo “maridaje” entre el esbelto caza
francés y la Base manchega, convivencia no siempre fácil, ya que alguna vez hubo que
lamentar los inevitables accidentes. También se nos refieren las visitas de otras
Unidades extranjeras en el marco de los intercambios con la OTAN: vemos F-104
italianos, F-16 belgas, Tornados alemanes, Jaguars británicos, F-5 tunecinos… además
de los colegas de las Alas 12 y 15 del Ejército del Aire con sus F-18. Incluso se recibió
la insólita visita de un Concorde de Air France durante la canícula de julio de 1991.

Otros visitantes llegaron para tomar parte en las siempre bienvenidas ( y muy
concurridas) Jornadas de Puertas Abiertas y demás Festivales Aéreos, o bien para
conmemorar diversas efemérides, o para participar en ejercicios como el NATO Tiger
Meet (dos van celebrados ya, en 1992 y en 2006) o las maniobras conjuntas Atlas, con
la FA de Marruecos. Y también en la MAESAL (la Maestranza Aérea de Albacete) se
construyó una réplica volante del autogiro C.30, para conmemorar el centenario de su
inventor Juan de la Cierva. Por desgracia un accidente (acaecido en la misma Base) lo
relegó al Museo del Aire, en Cuatro Vientos.

Cronológicamente quedaría fuera del prolongado paréntesis del libro el reemplazo de
los Mirage F1 del Ala 14 por los nuevos EF2000, o el traslado al Aeródromo manchego
del TLP, el Programa de Liderazgo Táctico de la OTAN, todo un espaldarazo al buen
hacer del Ejército del Aire en general y del personal de Los Llanos en particular… con
sus alegrías y sus sinsabores, que de todo ha habido.

Todo este debe quedar para una eventual “2ª edición”… y es que una Base Aérea es
como un ser orgánico: mientras respire seguirá generando Historia. Historia que se
recoge en esta una larga crónica (son más de quinientas páginas) de imágenes, que
reflejan tanto actos solemnes y protocolarios junto a otros más cotidianos y mundanos…
y algunas veces amargos, cuando toca relatar algún accidente con pérdida de vidas, de
los que (por desgracia) nunca están libres los que se dedican a este negocio de hace
volar suelos…

 

 

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