Monumentos y legado: El Canadair que no pudo subir de Xiabre.

Seamos honestos, la aviación no siempre es una actividad libre de riesgos, y cuanto más está en juego más fácil es que salgan los errores, ya sea en la máquina o en los encargados de manejarla. Los accidentes son algo que nadie quiere pensar cuando se suben a la aeronave, pero siempre están ahí, escondidos, y listos para ocurrir cuando la mínima oportunidad se presenta. Muchas veces, tristemente, se llevan vidas. Algunos de ellos son recordados aún a día de hoy, con memoriales presentes en el lugar donde, muchas veces de forma heroica, se perdieron para siempre. En esta serie viajaremos por España recorriendo algunos de estos memoriales, recordando lo ocurrido en ellos y documentándolos, explicando donde encontrarlos con el fin de perdurarlos en nuestra memoria. En esta primera entrega viajamos a Galicia, a las Rías Baixas, donde en verano de 1976 se produjo el primer accidente del recientemente introducido Canadair CL-215, en la ladera del Alto de Xiabre.

canadair Foto del monumento al accidente del Alto de Xiabre

El lugar

La comunidad autónoma de Galicia es un sitio muy especial, separada de la Meseta por el Macizo Galaico-Leonés y que quienes la han visitado sabrán que es un sitio muy verde, lleno de bosques, prados, y unos constantes cambios de elevación. No encontrarás un sitio llano a lo largo de sus 4 provincias, y eso no solo es cierto en su interior, con una costa escabrosa que no ha dejado indiferente a numerosos marineros en el pasado. Principalmente está basado en rias, un hermano pequeño de los fiordos noruegos con un origen parecido: en vez de ser formadas por glaciares, se formaron por ríos. En la tercera de las Rias Baixas empezando por el sur, que comprenden las comunidades de Pontevedra y A Coruña en la costa atlántica, encontramos la localidad de Vilagarcía de Arousa, una de las principales de la región, que ha crecido en las laderas del Alto de Xiabre.

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Foto de la costa gallega desde Santa Tecla

El Alto de Xiabre es el monte más alto de la región, llegando hasta una altura de 641 metros. Su imponente figura se ve ampliada por su cercanía a la costa, siendo visible su totalidad desde muchos lugares de la región. En su base se ha desarrollado la mayoría de la actividad agrícola de Vilagarcía, contando con viñedos usados para la creación del preciado Albariño. Debido a su soledad y altura con respecto al resto de la región, en su ladera encontramos numerosos aerogeneradores, encargados de la producción de electricidad de las localidades colindantes. Según ciertas publicaciones contaría con petroglifos y otros restos de las civilizaciones antiguas que poblaron sus tierras.

Foto desde la cima del Alto de Xiabre

El vuelo

Los Canadair CL-215 fueron la respuesta española a uno de los grandes problemas que azotan la península en la temporada estival, los incendios forestales. Con una masa forestal de gran tamaño, la extinción de esos incendios empezaba a resultar cada vez más complicada, y la solución se encontró en el aire. Empezando la década de 1970 el Ministerio de Agricultura decidió la compra de dos aeronaves, llegando a la Base Aérea de Getafe el 8 de febrero de 1971 tras un vuelo de un día que fue una odisea en sí mismo, cruzando el atlántico sin más instrumentos que una brújula y un mapa, al estilo de los pioneros de la aviación.

CL-215 Museo del Aire y del Espacio

Las dos primeras unidades, a las que se les asignó el conocido indicativo UD.13, fueron entregadas al 803 Escuadrón, basado en Getafe. Su primera actuación oficial, coincidentemente, fue en Galicia, realizando una misión de búsqueda en marzo en las cercanías de Fisterra. Tras dos años formando parte del 803 escuadrón pasaron sus manos al recién creado 404 Escuadrón, basado en Torrejón, que pasó a ser denominado como lo conocemos hoy en día, el 43 Grupo de Fuerzas Aéreas, en marzo de 1980. Las grandes capacidades de este bimotor llevaron a la compra de 8 unidades más, entregadas a lo largo de 1974. Esta segunda serie de aeronaves, con números de serie entre 1031 y 1038, no han tenido la mejor de las suertes. 4 de las unidades entregadas (UD.13-04, UD.13-07, UD.13-08 y UD.13-09) sufrieron accidentes en servicio de misiones del Ejército del Aire, siendo la aeronave sobre la que tratamos hoy una de ellas. Una quinta unidad sufrió otro accidente en 2020, operando para CEGISA. Actualmente ninguno de esos CL-215 opera en el Ejército del Aire, aunque algunos de ellos han sido actualizados a la versión CL-215T, que cuenta con motores turboalimentados, y otros han sido sustituidos por el CL-415, que cuenta con motores más nuevos y tecnología más moderna. Curiosamente si le preguntas a cualquier piloto del 43 Grupo te dirán que prefieren los “viejos “ CL-215T a los C-415, ya que la electrónica les hace más pesados y un poco menos manejables. Preferencias.

CL-215T en LETO el 12 de Octubre de 2025

Viajamos de vuelta al pasado, en este caso al verano de 1976. Como en ocasiones anteriores y posteriores, los incendios azotaban la región gallega. Según un estudio publicado por el Ministerio de Agricultura en 1977, durante todo el año 1976 se llegó a quemar un aproximado 44% de toda la masa forestal de Galicia, duplicando la media de los quince años anteriores, solo en un verano. Uno de los 3 incendios más grande de ese año ocurrió en Lugo, quemando un total de 2384 hectáreas, de las cuales más de dos tercios eran pinares. El dato es aterrador, ya que de 4596 incendios declarados durante el 1976, 2149 fueron solo en la región gallega, con 29 de los 55 incendios con más de 500 hectáreas ocurriendo allí. Como en otros años varias aeronaves habían sido trasladadas para combatir estos incendios al Aeropuerto de Lavacolla, actualmente Aeropuerto de Santiago-Rosalia de Castro. Una de ellas era la unidad de nuestra historia, el UD.13-07. Entregada por Canadair en junio de 1974, y con número de serie 1035, había visto solo un verano de plena actividad anteriormente, y pronto se vio que no iba a ser suficiente.

Foto de terreno quemado en los alrededores de Marín, Pontevedra

El miércoles 8 de septiembre de 1976, el Alto de Xiabre ardía. No ha perdurado en el tiempo la gravedad del incendio, eclipsado por lo ocurrido en su extinción. 3 aeronaves fueron activadas desde Lavacolla, entre ellas la nuestra, UD.13-07. A bordo tres tripulantes, el alférez José Luis Herraiz, el brigada José Cachafeiro y el sargento José Pérez. Cuentan las crónicas que desde Vilagarcía se veía a las aeronaves llenando sus depósitos en las cercanías de la playa de Santiago de Carril, la localidad no habiendo crecido lo suficiente como para obstruir la vista del mar desde las aldeas colindantes en la ladera del Xiabre. Una de ellas era Guillán, actualmente de mayor tamaño que antaño donde casi se podía considerar como aldea. Eran las fiestas patronales y todavía no habían empezado las clases para ese curso, por lo que casi la totalidad del lugar se encontraba allí. Los testigos cuentan que la aeronave se paró en el agua en medio de una recarga de agua, lo cual les resultó extraño a los que allí miraban, ya que en pasadas anteriores no lo hacían. Después, al intentar levantar el vuelo, les resultó imposible. Cuenta la gente del lugar que intentaron hacer varias pasadas para ganar altura, con un estruendo tremendo con sus dos motores a toda la potencia que podían otorgar, pero fueron incapaces, pasando a ras de la altura de las viñas donde había campesinos trabajando la uva, estando ya en la vendimia. Algunos de ellos, sabiendo que sus familiares estaban en el monte, salieron corriendo hacia ellos.

El pueblo, a pesar de estar de fiestas, se quedó desierto. Todas las casas con las puertas abiertas, la comida en el fuego, habían visto a sus habitantes abandonarlas para dirigirse a la ladera de Xiabre. Después de ello, un ruido fuerte, una explosión y una humareda de humo negro. A las 17:10, el UD.13-07 y sus tres ocupantes habían impactado contra un eucalipto, arrancando el ala y volando 200 metros más antes de estrellarse contra el bosque. A pesar de la temprana respuesta, no se pudo hacer nada por ninguno de los 3 tripulantes. Sus cuerpos fueron recuperados por la guardia civil en distintos estados, todos dañados por las llamas.

Mucha de la gente de Guillán y las aldeas de alrededor quedaron marcados por lo ocurrido ese día, la historia siendo contada con rapidez en las crónicas de la época y siendo portada de muchos periódicos regionales. Cuentan que todo el pueblo se quedó en el lugar de accidente hasta iniciada la noche. Uno de los flotadores del avión se encontró casi intacto en el camino hacia el accidente, el resto era un amasijo de hierros que ardió hasta que se acabó todo el combustible. Muchos de los residentes todavía recuerdan ese día. Según cuentan, la tripulación no consiguió vaciar los depósitos de agua, y ante la posibilidad de estrellarse contra alguna de las localidades cercanas, decidieron sacrificarse para evitar daños mayores en un sitio más alejado. Algunos de los lugareños reconocen que ellos mismos podrían haber sido víctimas en caso contrario. Un memorial fue alzado en el lugar del accidente en el aniversario posterior, y continúa allí hasta el día de hoy. Se suma a él un memorial en el edificio del 43 Grupo en Torrejón, junto a los otros militares caídos en servicio en misión luchando contra el fuego. Este año será el 50º aniversario de esta tragedia.

Memorial a los caídos en el edificio del 43 Grupo en Torrejón

El viaje

Marín visto desde lo alto

Iniciamos nuestra visita desde Marín, localidad colindante con Pontevedra y que cuenta con la Escuela Naval Militar y el principal puerto de la Ria de Pontevedra, la siguiente si nos dirigimos al sur desde la Ria de Arousa y antes de Vigo. Tras un corto viaje en coche por autovía nos desviamos a la altura de Caldas de Reis, y antes de llegar a Vilagarcía cogemos una carretera de montaña que nos llevará a la cima del Alto de Xiabre. Al poco de empezar a subir los paisajes cambian, los árboles desaparecen y solo se ve monte y arbustos. A lo largo de toda la carretera nos encontramos a los pies de numerosos aerogeneradores, algunos de ellos en funcionamiento y que a pesar de resultar imponentes no quitan la curiosidad de querer llegar a su base y sentirte pequeño ante la gran magnitud que tienen. Seguimos ascendiendo una cada vez más empinada carretera hasta llegar a la cima. Los últimos 10 metros tendrán que ser a pie.

Antenas en la cima del Alto de Xiabre

Nada más aparcar nos encontramos con el verdadero uso actual de Xiabre, y es que desde hace un tiempo la altura es aprovechada para dar cobertura a toda la región mediante antenas, algunas de ellas ya en desuso. Los valientes pueden subir y bajar por un pequeño sendero que presumimos llegará hasta Vilagarcía, aunque no veo que en otras visitas sea nuestra principal opción, en el coche se sube igual de bien. Y dicho y hecho, aparece un corredor que tan rápido subió el sendero ya estaba bajando. Y un señor tomando el sol en la piedra más alta de la cumbre. Surrealista. Después de disfrutar de las maravillosas vistas durante una hora, donde podemos observar la totalidad de toda la región y que no hay nada que se nos acerque en los alrededores, decidimos continuar nuestro camino. Descendemos la ladera por la misma carretera que nos ha ayudado a subir, esta vez con el objetivo puesto en Vilagarcía. Reaparecen los bosques y al cabo del rato, cuando parece que ya hemos descendido hasta el mar, llegamos a nuestro destino. A mano izquierda, en un pequeño claro en el bosque, encontramos el monumento. Se respira calma y respeto cuando nos bajamos del coche, no habiéndonos encontrado con nadie hasta el momento.

Atardecer en el monumento

El atardecer se alinea con la dirección de los árboles, iluminando el memorial de cara con unos tonos amarillentos. Alrededor de él nos encontramos con varios bancos para sentarnos, ocasión que aprovechamos para disfrutar del lugar. El silencio es casi absoluto, solo eliminado por el sonido de los coches que circulan por una carretera cercana, que conecta las afueras de Vilagarcía de Arousa con una de las carreteras nacionales que conectan el interior con la costa. Miles de personas circulan por aquí, seguramente sin conocer el sitio donde nos ubicamos.

Escudo del Ejército del Aire a los pies del memorial

El monumento es simple, consta de un monolito, un par de aspas que nacen de su base y el emblema del Ejército del Aire. Grabado en la piedra podemos leer lo siguiente: “Los aviadores del 404 Escuadrón del Ejército del Aire Alferez José Luis Herraiz Soria Brigada José Cachafeiro Ramoni Sargento José Pérez Belmonte dieron aquí sus vidas el 8 de septiembre de 1976 en defensa de los bosques de España. Para perpetuo honor, gratitud, ejemplo”. Contentos con la visita, volvemos a casa, ya de noche y pensando en los tres aviadores que perdieron su vida en la defensa de los verdes prados y bosques que pueblan la preciosa región de Galicia.

Inscripción en memoria de los aviadores caídos

Agradezco el trabajo realizado por Fernando Salgado titulado “Agua, Fuego y Muerte”, que se puede ver en este enlace: https://www.fernandosalgado.com/2021/04/agua-fuego-y-muerte.html?m=1 y que cuenta con declaraciones de testigos de esta tragedia, así como el documento gráfico realizado por Rafael Sabugueiro, que se puede observar a continuación: https://www.youtube.com/watch?v=qui9T46Um8s , y a Fernando Hernández Oporto por la fotografía del memorial realizada en la visita al 43 Grupo en 2025.

 

Sergio Cambronero Villa
Socio 791

 

 

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