De Instructor de Aeromodelismo a Piloto

 

1952-1953

En una muy lejana década de 1950 del siglo pasado, una persona llamada Fernando, sería mi padre años después, uno de mis seres más queridos que tengo.

   

 

 

A los veinte años,  desempeñó como empleado de banca en una sucursal el Banco de Aragón en Teruel, compatibilizando el trabajo en la entidad bancaria con otro trabajo, este muy interesante y enriquecedor como Instructor de Aeromodelismo, lo que es lo mismo un profesor que organiza, prepara las clases, enseña y examina a alumnos que desean apuntarse a un curso que les ayudará a realizar una muy bonita afición que es el Aeromodelismo, Fernando trasmitió en los tres años que estuvo como profesor conocimientos a otras personas deseosas en desarrollar una bonita afición.

En todo este tiempo, Fernando enseñó a alumnos a realizar diversos modelos de avión tanto veleros de vuelo sin motor, como con motor de vuelo circular, todo esto a partir de cero, en la que haciendo primero las piezas una a una, para después ensamblarlas y darles las formas deseadas, todo esto con materiales adecuados como la madera de balsa, que es muy ligera y permitiendo creaciones que pudieran volar fácilmente. Los planos y croquis que desarrollaban  los trabajos, había que presentarlos al Ministerio del Aire para su control.

En un lugar adecuado y despejado ponían a prueba los modelos construidos, tanto pequeños veleros, como de motor en vuelo circular, los ponían a volar, de forma periódica, se organizaban concursos y torneos de aeromodelismo, a los que acudían diferentes equipos para participar.

Un día, en el banco donde trabajaba Fernando, su jefe, junto a otros compañeros hablaban a cerca de los aviones y en lo que según su superior, era un misterio como volaban. Mi padre oyendo dicha conversación, se dirigió al corillo donde se estaba llevando la charla, dirigiéndose a este, le comentó que podría resolver las dudas de como las aeronaves emprenden el vuelo y de cómo se sostienen en el propio aire, a lo que su jefe contesto con un escueto y cortante “¡tú que vas a saber!” ahí quedó la respuesta que le dio. ¡Vaya corte!

1954

Los días pasaron con su correspondiente rutina de trabajo en la entidad bancaria y de profesor de aeromodelismo con sus obligaciones y demás quehaceres, disfrutando de ratos de descanso también, vida familiar y con sus amigos.

Un día, recibió una comunicación escrita, esta consistió en que estaba convocado a realizar el Servicio Militar Obligatorio, conocido coloquialmente como La Mili, por lo que temporalmente su vida cambió para satisfacer esta obligación, pasaría de una vida civil a una vida militar en un entorno y ambiente totalmente diferente.

Habiendo sido Instructor de Aeromodelismo, Fernando pudo ir a una atractiva unidad llamada la 42 Escuadrilla de las Tropas de Aviación, en la Base Aérea de Zaragoza, teniendo experiencia como administrativo en la entidad bancaria, realizó trabajos de oficinista en dicha unidad, haciendo las funciones que le encargaban sus superiores y que las hizo de forma solicita, adquiriendo disciplina militar propia de un cuartel, le facilitó realizar un buen servicio en los dos años que duró su “Mili”.

Además de los quehaceres propios de un cuartel militar, Fernando, mi futuro padre, pudo realizar alguna que otra creación. También pudo disfrutar de algún que otro privilegio, como la de dar paseos por el aeropuerto de Zaragoza con buena compañía, este pegado a la base aérea donde estaba destinado, esto para un entusiasta a la aviación es un auténtico paraíso, pudiendo ver aeronaves muy cerca de ellas.

El Real Aeroclub de Zaragoza, ofrecía cursos de piloto a aquellos que les podía interesar y Fernando aprovechó la oportunidad de apuntarse a uno, la institución le subvencionó con la mitad del precio del curso, es decir cinco mil pesetas, ya que el de valor total era de diez mil pesetas.

1955

Apuntándose al curso para hacerse Piloto Aviador, tendría que pasar una serie de requisitos, como el examen médico, superar la formación teórica y práctica, así como el pago del mismo.

Realizado el examen médico, este fue favorable, por lo que podría dar el siguiente paso.

Ya en la formación teórica, recibió clases consistentes en el conocimiento de las aeronaves sobre como son, las características, los tipos de controles, la velocidad y altitud, documentarse, estudiar… dicha parte la aprobó con los correspondientes exámenes. Dado que anteriormente fue profesor de aeromodelismo, tenía conocimientos previos, estos fueron de gran ayuda para hacer el curso de Piloto Aviador, esta parte la pasó con éxito.

Llegó el día en el que empezó la parte práctica, no sin antes hacer un vuelo de acomodación con el profesor piloto, que en vuelo haría una serie de movimientos para enseñarlos al alumno, estos consistentes en subidas y bajadas, derecha, izquierda… Al terminar dicho vuelo de acomodación, este fue alentador, ya que lo superó sin miedos, pudiendo pasar a aprender a volar, la aeronave fue la Bucker Bu 131, un avión biplano donde completaría su formación, una aeronave muy preciosa.

El profesor que enseñó a volar a Fernando, era un oficial del Ejército del Aire, que era el jefe del tráfico aéreo del aeropuerto de Zaragoza y estaba pluriempleado, compatibilizando este primero, con la academia de vuelo.

Ya empezando a recibir clases de vuelo real, el piloto profesor le enseñó a llevar la Bu 131, transmitiéndole lo que él sabía, como todo lo que tiene que ver con el vuelo y su preparación, como la temperatura que tenía que tener el avión para que este pudiera despegar, esta de  ochenta grados, otros como la velocidad, el ángulo de ataque para las maniobras de ascenso y descenso, virajes de izquierda y derecha, alabeos,  realizar aterrizajes y despegues de forma repetitiva para aprender a hacer estos. Estas prácticas lograron que mi padre adquiriera la habilidad para pilotar una aeronave.

Pasando los días de aprendizaje practico, Fernando consiguió veinte horas de pilotaje, viendo el profesor piloto que estaba teniendo un buen despeño en el vuelo, llego la hora de la suelta. Este es el momento en el cual el alumno se independiza del profesor, para  lo cual haría un vuelo en solitario, a la vista del instructor que estaría en tierra. Fernando consiguió realizar de forma autónoma el vuelo de manera exitosa.

En la unidad donde estaba destinado, se comentó que Fernando ya volaba solo, que pilotaba de forma independiente, lo cual fue acogido con una muy cálida felicitación por parte de sus superiores. Tuvieron que ser momentos inolvidables.

El curso de piloto continuó hasta que se emitió uno de los documentos más importantes que ha podido conseguir mi futuro padre, su Licencia de Piloto Aviador, esta con carácter oficial, a la edad de veintitrés años.

Acabó el periodo obligatorio del servicio militar que duró unos dos años, sin duda fueron momentos en los que mi padre tuvo una serie de experiencias que fueron inolvidables y aprendió habilidades como la de pilotar un avión, una auténtica hazaña.

Volvió a Teruel para dedicarse enteramente a la banca en el entonces Banco de Aragón.

Joaquín Narro Peña.
Socio 681

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