Visita a la Torre de Barajas, 21 de mayo de 2015

Foto:  Montserrat Pín (más fotos en nuestro álbum de Flickr)

Pasan algunos minutos de las diez de la mañana cuando nos encontramos en el lugar acordado. Estamos a escasos metros de uno de los puntos de control de entrada del aeropuerto. Hace un buen día, algo de viento tal vez, y el cielo de Madrid tiene ese azul que sólo sabe tener ésta ciudad. Es posible que por nuestras cabezas esté pasando ya un pensamiento común: vaya día que nos ha tocado para subir al fanal de la Torre Norte de Barajas. Es perfecto.

No tardamos mucho en agruparnos todos. Miguel Ángel y José, pertenecientes a la Dirección de Comunicación de Enaire vienen también a nuestro encuentro. Comienza la logística de la entrada: acreditaciones, reparto de la gente en los coches que van a entrar, etc. Todo el mundo tiene ya a mano el material con el que va a subir: la cámara que ha estado preparando el día anterior con su batería cargada, los objetivos que ha seleccionado para la ocasión, tarjetas de memoria, gafas de sol y alguna botella de agua.

Atravesamos el control de seguridad en coche y encaramos el túnel que nos lleva hasta el pie de la Torre. Nos recibe, imponente, con sus 71 metros de altura, brillante y silenciosa. Cuando llegas al aparcamiento, realmente nos encontramos por debajo del nivel de la plataforma y desde esa posición ya podemos ver algún timón de cola en movimiento. Pequeño preludio de lo que nos esperaba arriba. La seguridad del recinto nos revisa los coches y nos hace pasar por el control de seguridad, como cuando vas a coger un vuelo. Exactamente igual, pero sin quitarnos los zapatos.

Atravesamos el pasillo circular que nos lleva hasta el ascensor. En la pared cuelgan fotos cenitales del aeropuerto, del nuevo y del antiguo, de la T4, de aquellos Super Constellation de Iberia. A nuestra izquierda queda la zona de descanso de los controladores que incluye algunos dormitorios y un gimnasio. En el ascensor un cartel curioso al lado de un piloto rojo: “En caso de estar encendido no usar este ascensor, por viento”.

Comenzamos a subir en el ascensor. El primer tramo sólo nos deja ver una pared gris, pero pronto sale a una zona acristalada y podemos contemplar desde la T4S hasta la Sierra Norte de Madrid. El día está despejado y las montañas se recortan a lo lejos contra el cielo. Alrededor de los Airbus 340 de Iberia ya se empieza a ver el ajetreo del handling: la liturgia de volver al aire sigue sus ordenados pasos. Salimos del ascensor y unos cuantos peldaños más arriba, nos volvemos a sentir como niños con zapatos nuevos.

El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas, con sus incontables metros cuadrados de extensión, está a nuestros pies. Al otro lado de los cristales oscurecidos de la torre imaginamos a los controladores en su envidiable rutina de dirigir el tráfico de aeronaves. Y desde la barandilla de la terraza vemos el resultado de su trabajo: aviones de un lado para otro haciendo del mundo un sitio algo más pequeño para todos los pasajeros que van en su interior. El año pasado llegaron a pasar por ésta plataforma que ahora vemos casi 42 millones de personas y en el año 2007, récord absoluto hasta hoy, lo hicieron más de 52 millones. Se dice pronto.

Comienzan a escucharse los primeros disparos de las cámaras. Son poco más de las once y media, la hora de los grandes pájaros. Pronto empiezan a llegar al punto de espera de la pista 36L, recién abierta tras su reasfaltado, el Boeing 767 de Delta o el precioso 757 de United. Los podemos fotografiar juntos, esperando autorización para entrar en pista: un poco de American Flavour para empezar. Las pistas de rodaje hacia la 36L quedan justo delante de la T4 y de las Cuatro Torres del Paseo de la Castellana. Sólo hay que enmarcar y disparar.

A nuestros pies, pegados a la Torre, ruedan ya algunos A330 y A340 de Iberia con sus diferentes libreas. Es curioso, pero lo primero que uno nota cuando le hace una foto a un avión a más de 70 metros de altura es que tiene sombra. Y que la sombra queda bien en las fotos. Poder hacer planos cenitales de aviones no es algo que sea muy habitual, así que ésta nueva perspectiva abre un mundo de posibilidades para los fotógrafos. Cada uno de nosotros piensa en cómo hacer esa captura que tiene en la cabeza desde hace una semana, en encontrar el ángulo, la luz, el encuadre que le hace vibrar después, cuando llega a casa, ve el resultado de la obra y piensa: ésta, ésta es.

Avanza la mañana y, entre heavies, vemos rodar un Airbus 321 de British Airways, un A319 de Brussels Airlines o el Boeing 737 de la holandesa KLM con su sutil librea nueva. Casi a la una de la tarde hace su aparición el Airbus A330 de Air Asia, justo en el momento en el que un A320 de Vueling con la librea de Turismo Coruña rueda hacia la 36R. “No lo tenía”, dice alguien. Otro para la colección. Hacia la izquierda de la T4 tenemos otro encuadre bonito: un A330 de Iberia recién aterrizado viene hacia nosotros y al fondo se ven los dos hangares de mantenimiento de la compañía. Buen disparo.

A la una en punto aterriza por la 32L una de las joyas de Barajas: el Boeing 787 de LAN con su estilizado diseño de materiales compuestos. También lo hace, por la pista paralela, el triple siete de Emirates, ese avión de motores insuperables que nunca te cansas de contemplar. Están rodando al mismo tiempo y es difícil dar abasto, pero yendo de un lado para otro inmortalizamos a los dos. Poco después vemos rodar al de Thai con su librea característica y también al de Qatar, que toma por 32R. Rueda lento hacia nosotros y los disparos de las cámaras no dejan de sonar. Pocos minutos antes, nuestra presidenta Montse hizo entrega a Miguel Ángel y José del tradicional regalo que hace la asociación en agradecimiento por su labor durante la visita.

Se nos acaba el tiempo. Suena la campana del recreo entre los rugidos de los motores de los aviones que siguen despegando hacia el norte. Durante la mañana hemos visto cómo se vaciaban poco a poco las terminales y, ahora que iniciamos el camino de regreso, contemplamos desde el ascensor como los stands están volviendo a ocuparse. La rueda interminable de Barajas no se para nunca y tan sólo somos capaces de congelar pequeños momentos con nuestra cámara. Eso es lo que nos hace marcharnos felices, deseando repetir ésta experiencia algún día. Esperemos que sea pronto.

Ana Sáez & Juan Alaminos




Please add a comment

Leave a Reply



(Your email will not be publicly displayed.)


Captcha Code

Click the image to see another captcha.