Dopaje para deportistas aficionados
Fuente: La Vanguardia
Fecha: 13/02/2006
Los médicos alertan del abuso de
sustancias para mejorar el rendimiento físico
El interés por la salud y el culto al cuerpo son dos fenómenos que explican
que los gimnasios estén cada día más llenos. El problema es que también están
llenos de hormonas, estimulantes, opiáceos o diuréticos, que son parte de un
enorme mercado clandestino a disposición de los gimnastas. Otra parte importante
la componen productos de venta legal, muchos pretendidamente naturales, que se
usan desde el desconocimiento de su contenido y que, en el mejor de los casos,
no sirven para nada.
No sólo los deportistas profesionales se dopan. Apenas hay datos del uso de
productos químicos por quienes pretenden mejorar su rendimiento o su aspecto
físico, aunque es un secreto a voces que existe una amplia gama de sustancias y
que el fenómeno de su consumo está muy extendido. El último número del
Boletín Terapéutico, cuya edición corre a cargo del Centro Andaluz
de Información del Medicamento (Cadime), revisa de forma detallada las
sustancias más empleadas por los deportistas, profesionales o no, y enumera los
posibles efectos adversos para la salud. En su presentación, el boletín asegura
que 'el abuso de medicamentos para mejorar el rendimiento deportivo y la forma
física se ha extendido a las personas que acuden a gimnasios regularmente'.
Añade el citado boletín que en muchas ocasiones son sustancias conseguidas en el
mercado negro, 'por lo que no puede garantizarse su calidad', e incluyen
componentes no declarados en las etiquetas. Fuentes conocedoras de ese mercado
resaltan que gran parte de las sustancias son vendidas por las farmacias. De
hecho, el veinte por ciento de los expedientes sancionadores abiertos por las
autoridades sanitarias contra farmacias son por la venta sin receta de
anabolizantes. Hace unos días la Guardia Civil detuvo en Archidona (Málaga) a un
individuo que transportaba en su coche 4.000 comprimidos y 600 inyectables de
anabolizantes.
Juan Antonio Durán, profesor de Farmacología de la Universidad de Sevilla, cree
que un gran número de usuarios de gimnasios recurre a algún tipo de sustancia,
muchas de origen ilegal, para mejorar su rendimiento. 'Ir al gimnasio y consumir
productos químicos son dos fenómenos que van de la mano', asegura Durán.
Uno de esos usuarios es Joaquín, culturista de Vall d´Hebron de Barcelona, que
terminó hace dos meses su último ciclo con anabolizantes. Con éste lleva
realizados no menos de ocho ciclos desde que entró por primera vez en un
gimnasio. Tenía buena constitución para desarrollar musculatura y pronto recibió
la propuesta de su preparador físico para complementar los entrenamientos con
fármacos.
'Él mismo me facilitó una combinación de varios productos, que debía completar
con ejercicio y dieta. Me costó unas 50.000 pesetas, aunque ahora los precios se
han disparado, igual que la demanda'. Los ciclos pueden durar de dos semanas a
varios meses y siempre se empieza con dosis pequeñas, que aumentan
paulatinamente hasta la mitad del ciclo, punto en el que hay que ir reduciendo
hasta terminar. El ritmo de entrenamiento obliga a comer seis veces al día.
Pero no todo el mundo sigue la pauta. Joaquín asegura que conoce a muchos que
pretenden conseguir en dos meses la musculatura que a él le ha costado 18 años
de sacrificio y mucho dinero. 'Hay quien hace auténticas burradas y puedes ver
la transformación de un chaval en apenas un mes'.
El fenómeno de los medicamentos en los gimnasios 'va cada día a más', señala
Juan, introductor de Joaquín en el gimnasio, y capaz de enumerar un sinfín de
productos, dónde conseguirlos, sus nombres científicos, los efectos que producen
en el organismo y sus secuelas. Sin haber estudiado Farmacia ni Medicina, habla
como un experto en sustancias dopantes. Juan afirma que él pasó de pesar 62
kilos a 90 gracias a los anabolizantes, 'que también eliminan la grasa, con
cuidado de no bajar del 5,5 por ciento del total corporal, porque eso sería
fatal'.
Juan reconoce que él nunca fue supervisado por un médico, sólo por el
responsable del gimnasio, y que dejó de meterse mandanga para no acabar
con pezones de mujer, los 'testículos como cacahuetes' y una depresión de
caballo. 'Mientras tomas mandanga estás como una piedra de duro, pero
cuando paras te ves caer físicamente y eso te hunde el ánimo. En un mes pierdes
diez kilos de masa muscular, te pones flácido y tú mismo te asustas cuando te
miras al espejo. Al final, vuelves una y otra vez hasta acabar enganchado como
un yonqui, o llorando por los rincones. Hay quien hace hasta tres ciclos en un
año'. Joaquín añade que todo procede del mercado negro, 'por lo que no sabes qué
te estás metiendo en el cuerpo y con todo se hace negocio'.
Los estimulantes son utilizados por un sector de quienes hacen aerobic,
atletismo, boxeo, ciclismo, fútbol, lucha o natación. Los que practican deportes
de contacto y combate recurren en ocasiones a narcóticos que reducen la
sensación de dolor. Los esteroides anabolizantes se emplean en culturismo,
atletismo, levantamiento de pesas, kárate o judo. Los deportistas que requieren
precisión se decantan por echar mano de los betabloqueantes. Pero no sólo
abundan los anabolizantes, estimulantes o el clembuterol. Hay muchos que se
consideran a salvo porque recurren a complejos vitamínicos, batidos de
proteínas, aminoácidos ramificados, suplementos de albúmina, bebidas
isotónicas... Muchos de ellos etiquetados como formas 'naturales' de mejorar el
rendimiento o aguantar largas sesiones de entrenamiento.
El profesor Durán mantiene que el culto al cuerpo ha hecho proliferar mucho
'vendedor de crecepelos de feria'. 'Los escaparates de algunos gimnasios -
explica- ofrecen unos botes de albúmina, carísimos, cuando la clara del huevo es
pura albúmina'. El abuso de vitaminas hidrosolubles, como la C, no da problemas,
pero las liposolubles, como la K o la D, se concentran en el organismo y
provocan serias alteraciones de salud. Por último, no todas las llamadas bebidas
isotónicas son inocuas, porque contienen estimulantes para aumentar el
rendimiento y analgésicos para disminuir la sensación de dolor.
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