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El ciclo menstrual femenino, o
ovárico, comprende el conjunto de cambios fisiológicos periódicos, que
afectan a su aparato genital y a todo su organismo. Cambios que tienen lugar
en torno al fenómeno de la ovulación, con el fin de crear en la mujer las
condiciones morfológicas y fisiológicas óptimas para la fecundación del
óvulo y su posterior implantación en el endometrio. Su periodicidad, desde
la primera menstruación o menarquía hasta la última o menopausia, sólo se
interrumpe en caso de fecundación o en condiciones no normales. El ciclo
típico menstrual dura aproximadamente 28 días, aunque puede variar en casos
individuales.
No siempre el proceso menstrual se
produce con la sencillez con que lo hemos descrito. Surgen así trastornos
menstruales de todo tipo. Los más frecuentes son el síndrome premenstrual y
la dismenorrea o dolor que se produce durante la menstruación. Pero además
existen otros tipos de trastornos como son la amenorrea o ausencia de
menstruación, la menorragia cuando la menstruación es demasiado duradera o
con gran pérdida de sangre, o la polimenorrea cuando la menstruación es
demasiado frecuente.
El síndrome premenstrual presenta unos
síntomas que pueden ser físicos, como dolor de espalda, aumento del tamaño
de las mamas, estreñimiento, cefaleas, y náuseas y vómitos, entre otros.
Además aparecen también síntomas psicológicos, como nerviosismo,
irritabilidad, ansiedad, o depresión. El síndrome de tensión premenstrual es
poco llamativo en la adolescencia pero muy evidente hacia los 30-35 años,
con una incidencia que se calcula en las mujeres fértiles entre un 25 y un
60%. Es menos frecuente en las que han tenido hijos. El síndrome se presenta
entre 7 y 14 días antes del comienzo del período menstrual y desaparece
entre 24 y 48 horas después. Sus causas parecen estar en relación con las
fluctuaciones en los niveles de estrógenos y progesterona, que se producen
durante el ciclo menstrual. Los estrógenos producen retención de líquidos,
lo que explica el aumento de peso, el edema, el dolor en las mamas y su
aumento de volumen y problemas cutáneos, como el acné.
En el tratamiento del síndrome
premenstrual se utilizan diversos fármacos. Los dolores de cabeza pueden
aliviarse con analgésicos, la retención de líquidos puede evitarse
disminuyendo el consumo de sal y, si el médico lo considera oportuno,
tomando un diurético. En cuanto a la dieta, la reducción del azúcar, la
cafeína y el alcohol, y el aumento de los hidratos de carbono puede ser
beneficiosos, así como la administración de calcio y magnesio. Por último,
para los síntomas psicológicos se recomienda el ejercicio y la relajación.
Eventualmente, el médico puede recetar algunos fármacos antidepresivos y
ansiolíticos. |