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EL JET LAG ¿Se acuerda de esa sensación de torpeza e inevitable atolondramiento que sufrió la última vez que cruzó el océano? Bien, le volverá a suceder si ha decidido atravesar de nuevo el “charco”. El jet-lag (el equivalente en castellano se llama "síndrome de los husos horarios" y tiene menos aceptación) es un desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona (el que marca los períodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar en avión largas distancias al este (es una hora más por cada meridiano o huso horario que se cruza) o al oeste (una hora menos por cada meridiano que se cruza). El reloj interno de la persona tiende a prevalecer, por lo que, en el primer caso, no tendrá sueño cuando haya llegado la noche y, en el caso de viajes al oeste, tendrá sueño en pleno día. Recuerde que todo viaje largo tiene el desapacible añadido de los trastornos ocasionados por el traslado, que en el caso de hacerse por medio de aeronaves se hacen mucho más palpables, pues el “Jet Lag” es, además de un hecho, la palabra con que se conoce la sintomatología resultante de la adaptación del organismo a un nuevo horario. Con los dos vocablos tomados de la gramática británica se define a un fiel compañero de los viajeros que utilizan con frecuencia el avión con ánimo de transponer varios meridianos en su ruta. La explicación fisiológica que explica este moderno fenómeno se reduce a la más que probada existencia de un reloj biológico sujeto al ritmo circadiano (referido al día y a la noche) de nuestro organismo. El síntoma del “jet lag” puede resumirse, primero, en una desincronización externa, basada en que horas de sueño, vigilia y comidas se ven modificadas con respecto a lo que era costumbre en la persona. Segundo, en que tras la desincronización externa llega a su vez la interna. Tras una diferencia horaria de media docena de horas son necesarios algunos días para que el cuerpo se adapte al nuevo horario, a las nuevas temperaturas y a los nuevos ciclos hormonales. Y por último, en que todo lo anterior contribuye de forma palmaria a que uno de los efectos producidos por el “Jet Lag” sea la falta de sueño. El viajero recién llegado a un país en el que debe retrasar o adelantar casi media circunferencia de las horas que marcan su reloj para no vivir en la inopia es víctima de un comprensible aturdimiento que le obligar a encontrar enormes dificultades en relajarse y dormir. La consecuencia de esta situación es una aparatosa somnolencia diurna provocada por esa dificultad para caer en los brazos de Morfeo. Se ha demostrado experimentalmente que la adaptación es más
fácil cuando se realiza un desplazamiento al oeste -el día se alarga algunas
horas- que hacía el este -las horas se encogen-. El tratamiento, en los viajes al este, puede requerir el uso de hipnóticos de acción corta (no hay peligro de habituación por lo esporádico de su toma) como lormetacepam (Loramet) o zolpidem (Stilnox); cualquiera de ellos requiere receta médica para su dispensación. En caso de viaje al oeste hay que intentar no dormir (permanecer en lugares iluminados y física y mentalmente ocupado) hasta que llegue la noche; si el sueño es invencible puede descabezarse una corta siesta y recurrir por la noche a un hipnótico de acción rápida. |