PROFILAXIS Y TRATAMIENTO DE LA INTOXICACIÓN POR AGENTES ANTICOLINESTERÁSICOS

A pesar de que el acuerdo de la Convención de Génova de la Liga de las Naciones de 1925 fue ratificado por la Conferencia de París de 1989, en la última década algunos países y grupos terroristas han vuelto a utilizarlos como armas de guerra. Debido a su elevado poder mortífero y al relativo bajo precio que cuesta fabricarlos, han sido denominados "el armamento nuclear de los países pobres". Los iraquíes utilizaron compuestos organofosforados (COF) en las guerras contra Irán y los kurdos. Grupos terroristas japoneses utilizaron el COF sarín en junio de 1994 en la ciudad de Matsumoto y en marzo de 1995 en el metro de Tokio. Incluso los EEUU, tienen almacenados COF como armas químicas, que están siendo destruidas por mandato del Congreso.

Por ello, recientes trabajos alertan sobre el uso de los COF en la guerra química o en atentados terroristas, y se ha estudiado el uso de inhibidores reversibles de la colinesterasa (CE), como la piridostigmina (fármaco inhibidor de la CE del grupo de los derivados carbámicos, ésteres del ácido carbámico y alcoholes que poseen un nitrógeno terciario o cuaternario) en la profilaxis de soldados expuestos a la guerra química en la Guerra del Golfo Persa.

De la intensidad con que se fijan a la enzima y de la rapidez con que revierte espontáneamente dicha fijación dependen la intensidad y la duración de la acción anticolinesterásica. En el caso de los carbamatos, estos se fijan en el sitio aniónico y esterásico de forma similar a como lo hace la acetilcolina, pero la enzima es carbamilada en lugar de acetilada. El enlace covalente de la enzima carbamilada es mucho más resistente a la hidrólisis que la acetilada, por lo que tarda más tiempo en regenerarse, de 30 minutos a 6 horas.

La piridostigmina es más afín que el neurotóxico a la enzima, pero menos que la acetilcolina. Se emplea a la dosis de 30 mg/8 horas.

Pero, ¿es realmente eficaz esta profilaxis?

Sabemos que la inhibición masiva de las CE por insecticidas, otros pesticidas, por armas de guerra, provoca la muerte. Pero también un exceso de aceticolinesterasa (ACE) es perjudicial, e incluso mortal para las neuronas, ¿no sería beneficiosa una leve inhibición crónica de las CE para prevenir las enfermedades neurodegenerativas? Todo parece indicar que no, o por lo menos, que bajar las CE provoca tantos perjuicios que no se justifica como recurso preventivo. En efecto, tanto estudios científicos en todo el mundo, como "experimentos" accidentales de la Guerra del Golfo Pérsico muestran el gran peligro de inhibir las CE. Un número importante de tropas norteamericanas quedó expuesto (aparte de a otros agentes) a varios compuestos anticolinesterásicos. Por un lado, agentes preventivos y pesticidas; por otro, "gases nerviosos" de guerra. A la mayoría de los soldados norteamericanos se les administro piridostigmina suponiendo que les protegería contra los agentes químicos "nerviosos" (los COF de guerra Sarín, Tabún, VX) en poder del gobierno iraquí. Pero además, se usaron otros compuestos anticolinesterásicos como repelentes, insecticidas y acaricidas en tiendas de campaña y en uniformes. Como si esto fuera poco, cuando la tropas norteamericanas volaron los depósitos de armas químicas iraquíes, llenos de "gases nerviosos", los vientos del desierto los llevaron sobre miles de soldados norteamericanos. Las patologías que luego aparecieron en esos efectivos dejaron pocas dudas de la peligrosidad de la exposición subletal a anticolinesterasas. Para algunos científicos y analistas, ella podría haber sido el factor causal principal, unido al estrés de guerra, del denominado "Síndrome o enfermedad del Golfo". Cuando se simuló en animales, en laboratorios norteamericanos, la interacción entre las sustancias a que las tropas estuvieron expuestas se comprobó que la acción conjunta de dos o más de estos compuestos, en vez de sumarse ¡multiplicaba por 100 o más la toxicidad individual de cada sustancia!

Tratamiento-Criterios

  • Rapidez

  • Ventilación asistida

  • Succión bronquial

  • Bloqueo colinérgico

  • Reactivación del enzima

  • Anticonvulsivantes

¿En que se basa el bloqueo colinérgico?

Sabemos que la acetilcolina actúa sobre dos tipos distintos de receptores colinérgicos: muscarínicos y nicotínicos. Esta distinción se hizo sobre la base de métodos empíricos farmacológicos. Ciertas respuestas a la acetilcolina, como las provocadas por la excitación de fibras preganglionares simpáticas y parasimpáticas, así como las provocadas en la placa motriz por activación de fibras motoras, eran imitadas por la nicotina y por la nicotina y bloqueadas selectivamente por la tubocurarina. En cambio, las respuestas producidas por excitación de fibras posganglionares parasimpáticas eran imitadas por la muscarina y bloqueadas selectivamente por la atropina. A los receptores responsables del primer tipo de respuestas se les denominó nicotínicos, y a los del segundo tipo muscarínicos.

También sabemos que los ACE al inhibir la inactivación de la acetilcolina, poseen una acción de carácter colinérgico, podríamos llamarlos colinérgicos de acción indirecta.

Como hemos visto, la atropina es un fármaco antagonista muscarínico, es decir pertenece a un grupo de fármacos que inhiben de forma preferente y competitiva los receptores colinérgicos muscarínicos. Por esta razón reciben el nombre de fármacos antimuscarínicos. A dosis muy elevadas pueden bloquear también receptores nicotínicos. Tomando como prototipo a la atropina, que muestra afinidad similar por todos los subtipos de receptores muscarínicos, el orden de sensibilidad decreciente de los órganos en un animal entero es: glándulas salivales, bronquiales y sudoríparas; músculo liso vascular y sistema de excitoconducción del corazón; tracto digestivo y urinario; glándulas de secreción gástrica y receptores muscarínicos de los ganglio vegetativos.

La atropina y la escopolamina son los fármacos antimuscarínicos mejor conocidos. Ambos son alcaloides naturales, ésteres del ácido trópico y de una base nitrogenada terciaria: la tropina en el caso de la atropina y la escopina en el caso de la escopolamina.'

Por tanto el bloqueo colinérgico se lleva a cabo con atropina por vía IV o IM. Las dosis deben ser elevadas, pudiendo controlar la actividad a través del grado de dilatación pupilar. La dosis inicial es de 2-4 mg IV o IM, seguidad de 2 mg cada 5-10 minutos, hasta que desaparezcan los síntomas muscarínicos o aparezcan signos de intoxicación atropínica, pero en el primer día pueden ser necesarios hasta 200 mg.

Se debe administrar después de asegurar la oxigenación. El uso concomitante de una oxima puede disminuir los requerimientos  de atropina en las intoxicaciones por COF.

La atropina, sin embargo, es inútil para la parálisis de la musculatura esquelética y para los efectos derivados de la hiperactividad nicotínica. Además, cuando la intoxicación se debe a COF que impiden la regeneración espontánea de la ACE, es necesario reactivar la enzima forzando el desplazamiento y la reparación del compuesto, Esto se consigue con las oximas, cuyos representantes son la pralidoxima, la obidoxima y la diacetilmonoxima.

Poseen un grupo oxima (=NOH) que tiene gran afinidad por el átomo de fósforo, consiguiendo la hidrólisis de la enzima fosforilada y la recuperación de la enzima.

Pero si el COF ha actuado demasiado tiempo, la fosforilación es irreversible y resiste la acción de la oxima; ello explica que sólo sea eficaz el empleo de las oximas en las primeras 12 horas de la intoxicación.

La obidoxima es más potente que la pralidoxima y consigue un grado de reactivación mayor de la ACE. Se emplea a la dosis de 3-6 mg/kg en inyección IV durante 5-10 minutos.

El tratamiento se suministra a la baja en un autoinyectable, para su equipo de combate, para administrarse 1 cada media hora (llevará 3). La composición del autoinyectable podría ser:

  • Atropina para el bloqueo colinérgico

  • Obidoxima para la reactivación enzimática

  • Anticonvulsivantes, de elección el diazepam (10 mg/4 horas). No está presente en el de dotación de nuestras FAS.