EFECTOS DEL TABACO
El consumo de tabaco produce rápidamente dependencia tanto física como
psíquica. De ello es responsable fundamentalmente la nicotina, hasta el
punto de que bastan tres semanas de consumo continuado para provocar un
cuadro de abstinencia. La intensidad del síndrome de abstinencia provocado
por el cese repentino del consumo de nicotina depende en buena manera del
nivel de consumo de tabaco.
Se consideran fumadores ligeros a quienes consumen menos de 10 cigarrillos
al día, entre 10 y 25 son moderados y más de 25 son fumadores intensos. El
síndrome de abstinencia consiste en trastornos del estado de ánimo como
depresión, insomnio, irritabilidad y, en general, ansiedad.
El tabaquismo pasivo o involuntario se produce en personas no
fumadoras que están expuestas al humo del tabaco. Convivir con un fumador
aumenta el riesgo de cáncer de pulmón en un 30% para el no fumador, y el
de muerte de origen cardíaco en un 25%. Asimismo, los niños expuestos al
humo tienen mayor riesgo de sufrir resfriados u otras infecciones
respiratorias y de oído, amén de trastornos pulmonares.
En general, el tabaco incrementa 25 veces el riesgo de padecer cáncer
de pulmón entre los hombres y 12,5 veces entre las mujeres. Entre
los fumadores intensos el riesgo de padecer la enfermedad es 40 veces
mayor que en los no fumadores. El riesgo de padecer cáncer de pulmón no
desaparece rápidamente después de abandonar el hábito, precisando entre 10
y 15 años para igualarse con el de los no fumadores.
Además, el tabaquismo incrementa 14 veces el riesgo de enfermedad
pulmonar obstructiva crónica (EPOC). El tabaquismo crónico también
aumenta la incidencia de infecciones, como neumonía y bronquitis. Otras
patologías vasculares potenciadas por el tabaquismo son las enfermedades
coronarias, como el infarto de miocardio y la angina de pecho, así como
enfermedades vasculares periféricas y cerebrales. El cese del tabaquismo
anula el exceso de riesgo de estas últimas de forma relativamente rápida.
El tabaquismo también produce un aumento de las concentraciones de
fibrinógeno y de LDL-colesterol, reduciendo
las de HDL-colesterol. De igual manera, el tabaquismo ha sido asociado a
otros trastornos: envejecimiento cutáneo, hiperacidez
gástrica, exacerbación de las enfermedades inflamatorias intestinales,
reducción del apetito y distrés fetal.
Se estima que el tabaco es responsable en España de cerca del 40% de las
muertes prematuras acaecidas entre los hombres con edades comprendidas
entre 35 y 70 años, y del 15% en las mujeres. Estos diferentes porcentajes
tienden a aproximarse, habida cuenta del fuerte incremento del tabaquismo
observado entre la población femenina. Entre los mayores de 70 años, el
porcentaje de muertes atribuibles al tabaquismo crónico es superior al
20%. Se estima que el tabaquismo reduce una media de 22 años la esperanza
de vida de una persona.