Los Precursores

Parece ser que la primera ascensión realizada en España fue la realizada en Madrid, el día 12 de Agosto de 1792, por el conocido aeronauta Vicente Lunardi, que ya había realizado otras ascensiones en diversas naciones de Europa. El globo había sido costeado por S.M. el rey Carlos IV con el piadoso fin de que el dinero recaudado con la venta de los boletos de entrada en los jardines del Real Sitio del Buen Retiro, donde tendría lugar la ascensión, se empleara en socorrer a los enfermos pobres de los Reales Hospitales de la Corte.

No obstante la inclinación general a encaminar la aeronáutica a fines comerciales o benéficos, algunas ascensiones se dedicaron a estudiar las posibilidades de los globos en la guerra, no sólo como atalaya móvil, sino también como modo de elevar la moral de las tropas.

La primera ascensión documentada que fue realizada en el mundo con tales fines tuvo lugar en la Academia de Artillería de Segovia. Después de la exhibición de Lunardi no se dudó de las posibilidades militares, de los aerostatos y se decidió la construcción de uno a efectos de experimentación. El proyecto del globo se fundamentó en cálculos matemáticos de tal modo que pudiera elevarse hasta una altura determinada, que no fuera tanta que no permitiera "descubrir ni registrar el campo enemigo con comodidad" altura que quedó fijada en 500 yardas.

El globo tenía 45 pies castellanos de diámetro y 93 de largo, con la forma "de una bota de vino" Para su manejo y maniobra se disponía de registros y válvulas, que eran actuados por cuerdas para mantener la elevación deseada.

Las primeras pruebas se realizaron los días 3 y 5 de Noviembre de 1792 llevando a bordo a dos Oficiales y una señora, consiguiendo elevarse a 80 pies, aunque en el tercer vuelo, el día 6 de noviembre, se vieran obligados a efectuar un descenso de emergencia, cuando la fuerza ascensional del globo rompió tres de las cinco cuerdas que lo sujetaban.

El día 14 del mismo mes se realizó una exhibición en el Real Sitio de San Lorenzo de el Escorial. Ante el Rey se elevaron el Capitán profesor D. Luis Proust, los Oficiales D. Pedro Fuertes, D. Manuel Gutiérrez y D. César González, y los Cadetes D. Gernaldo Sahagosa y D. Pascual Gayangos, alumnos del Real Colegio de Artillería, Esta ascensión logró demostrar la posibilidad de "tener en Campaña, y en cualquiera situación y hora del día, una atalaya rija, o ambulante, a voluntad, y susceptible de mucha elevación para descubrir los terrenos del contorno de su Ejército, y los movimiento como evolucionen del enemigo en la disposición de su ataque, y durante él las variaciones que intentase, con igual aplicación al registro interior de una plaza, o de ella hacia afuera"

Como vernos, sólo nueve años después del primer globo de los hermanos Montgolfier ya se pensaba en emplear el globo cautivo para el reconocimiento, al que el Ministro de la Guerra, Conde de Aranda, consideraba en la información que hizo de la Memoria de estas ascensiones, "objeto de los más esenciales en la guerra"

Se pensó que, "cuando la estación fuese propicia" se podría repetir la experiencia y efectuar prácticas de observaciones para habilitar a los miembros del Real Cuerpo de Artillería en tan importante servicio.

En la Memoria y la información que la acompaña están presentes todas las ideas de la doctrina moderna del reconocimiento aéreo y las necesarias para la constitución de un Servicio de Aerostación Militar como los existentes en nuestro siglo. Desgraciadamente, las reducciones presupuestarias no permitieron las prácticas de observaciones y el ejército español suprimió las experiencias de aerostación. Como suele suceder, sólo una nación acorralada fue capaz de probar si el globo de observación era de verdadera utilidad en la guerra.


Jaime de Montoto y de Simón ; "Precursores". Ed.: IHCA, Madrid, 1993. ISBN:84-87134-04-1